Johnny leaning   El bueno de Juan, Johnny para los amigos, es un ciudadano normal, como podría serlo usted, yo, o ese tío de Alcalá. Falleció in itinere (camino del trabajo) pero no ha logrado pasar a mejor vida porque no tiene cumplida la edad de jubilación. Hasta ese día (fecha incierta a tenor de las brillantes ideas de nuestros gobernantes) pasa su día a día entre su casa, sus paseos, los trabajos y “EL PURGATORIO”, el bar regentado por Benedicto (en lo sucesivo Bene) donde departe y comparte con sus semejantes.

Hace “vida normal” con Encarni, su mujer, y desde el luctuoso hecho, ambos conviven con dos animales de compañía: los buitres que lo descarnaron y a los que bautizaron como Los Mercados.

Se gana la vida como buenamente puede a base de “minijobs”; trabaja en un recortadísimo instituto de secundaria como esqueleto en las clases de anatomía, también lo llaman de la escuela de arqueología, donde lo entierran y apelmazan para que los estudiantes “extraigan sus restos” en prácticas de excavación. Además acaba de conseguir un teletrabajo de Community Manager en “EL PURGATORIO”, gracias a un curso que hizo online, ya que, según parece, en redes sociales es importante saber “conversar” con el “público objetivo”: la parroquia de EL PURGATORIO.
Como cualquier mortal tiene pesadillas, bajas pasiones, un diario, sus cuentas de facebook, de twitter y de google+. Es decir, que anda inmerso en el boom de las Redes Sociales.

 

 

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